Niño de la pobreza

Niño de la pobreza

Por: Sabrina Mariel Altamirano

El sol ignora tu inocencia,
cortinas de silencio aprietan tu dolor,
eres hambre sin zapatos,
cuerpo perdido en el abismo del espanto.

Creces como materia no deseada,
una marioneta siniestra
cuya esperanza se desgasta en las calles,
birlada a punta de humillaciones.

Yace en tu alma la oscuridad
que por el horror fue engendrada:
eres intérprete de una pieza teatral criminal
en la grotesca parodia de la orfandad social.

Te transformaron en caminante de sueños rotos,
escuelas olvidadas y tizas desvanecidas.
Fuiste gestado sin la alegría de la vida,
sin el placer de los cuerpos concebido,
para ti no existen viajes
sino un destino incierto pero previsto.

Nadie te despierta, niño, de la pobreza.
Nombrarte es sonido agrio,
no hay gloria, honor ni honra sobre tu cabeza;
eres una hoja, un quejido,
una sombra desarropada por la vida,
la indiferencia te atraviesa de lado a lado
como un estallido.

La compasión te es ajena,
eres fetiche de una sociedad desalmada,
sufriente en la cartografía del espanto;
el delito te erige sobre su santuario
en donde tu clamor es silencio,
una ausencia que hiela.

Niño de la pobreza, ya te han condenado
solo te espera la última palada de tierra
de la indolencia hecha gente.