Acto de contrición

Acto de contrición

Por: Abigail Martínez
@eug_mz

Me arrodillo
porque así me enseñaron
a hablar con Dios.

La madera conoce mis rodillas
mejor que mi propia madre.

En el confesionario
guardo una palabra
debajo de la lengua.

No la digo.

El sacerdote pregunta
qué pecado he cometido
y yo pienso en los nombres
que no caben en una sola boca.

Afuera,
el incienso sube
como si también quisiera escapar.

Me persigno.

El agua bendita
me toca la frente
y no quema.

Entonces pienso
que quizá el pecado
no vive en mi cuerpo.

Quizá vive en el miedo.

En aprender a bajar la mirada
cuando alguien pregunta
a quién amo.

En confundir el deseo
con la culpa.

En creer que para entrar al cielo
tendría que dejar una parte de mí
en la puerta.

Durante la comunión
recibo a Cristo en la boca
y por un instante
pienso en todas las cosas
que me enseñaron a callar.

El cáliz pasa de mano en mano.

Sangre,
dicen.

Yo pienso en la mía,
en todo lo que ha aprendido
a permanecer dentro.

Nadie me pregunta
qué nombre tiene mi amor.

Nadie mira debajo de mi lengua.

Y cuando termina la misa,
las velas siguen encendidas.

Quizá Dios también.

Quizá me ha visto
querer sin hacer daño
y nunca apartó la mirada.

Quizá cuando rece
no tenga que pedir perdón.

Quizá algún día
pueda arrodillarme

no para confesarme,

sino para agradecer
que sigo siendo yo.