Por: Andrés Felipe Salinas Corrales
@saliloquio
Mirar el mundo y la promesa rota,
y sentir bajo la piel
algo que se arruga, irreversible.
Mirarlo, el mundo, y correr pa’ atrás,
a los brazos del taita y de la mama.
Con la rabia apretada
como un sentimiento que no es de tu talla.
Rabiar el llanto.
Y en un delirio febril,
propio la bronca,
lanzar vocales de fuego
a los despreciables
lameculos
corrompidos
cicateros
vendidos
hijueputas que mueren de frío
y que se dejan morir.
Después, llorar y ya.
Bendito día.

