Por: Andrés Felipe Salinas Corrales
@saliloquio
Anoche me sentí solo.
Difícil.
Luego acomodé unas velas oscuras
en el suelo del patio
y dirigí al cielo una plegaria.
Del cielo bajó una dama
vestida de estrellas, de pelo escarlata,
e hicimos del amor una industria
fértil y metálica.
Vapor. Hollín. Un sonido bronco
de animal muriendo.
Agua naranja que rebosa
el crisol. Forja. Más forja.
Máquinas inagotables. Ropa sucia, sudada. El calor
que nos hizo humanos, que aplazó la muerte.
Luego la dama me dijo «te daré
lo que pidas». Le dije que no quería
volver a sentir soledad.
Se arrancó del vientre un pedazo de noche
y me lo puso en las manos.
Y por mis manos torpes,
dije no.
Pero ya había amanecido.

