Por: Sofía Ayelén Lifrieri
Su ancla quedó clavada en mi costilla
Aún así requiero de su pequeña astilla para reparar mi alma
Solicité tu pastilla para mi calma
Dejaste tu pesadilla en mi almohada
Acariciame la escápula
Tu mano como cápsula
Atravesando mi mejilla
Detrendramos esa clausura
Sin nada en la espalda y de rodillas
Quise ser el encantador de tu maravilla
Fui un pintor de mi manija dentro de un cantor de tu jaula
Oí mi quebradura de dientes al presionarse de manera rotunda
Con un estómago que habla
Ambas fueron consecuentes del fuego del tormenton
Y su helada nieve posterior de la cama
Con su magistral pasión ha qué deseado en mal estado al
esófago y mi corazón
Adeudando su amor y la quita de irritación en mi piel
Tratándola después como simple lana

