Por: Rosmery De Jesús Hernández
@unanochedevino
Hay ausencias que no hacen ruido, pero lo rompen todo.
Se instalan despacio, como la noche cuando decide quedarse.
No avisan. No piden permiso. Simplemente se quedan.
Y uno aprende a nombrar el vacío, a respirar entre ruinas, a sostener lo que queda cuando ya no queda nada.
Hay despedidas que no tienen eco, ni última palabra, ni puerta que se cierre.
Solo el peso de lo que no vuelve.
Solo el gesto inútil de mirar hacia atrás sabiendo que no hay regreso.

