Por: Lucía Franchi
Un poema es la posibilidad de desear,
de hacer inmediata la realidad.
Un poema deja entrever
aquello que el cuerpo
no responde.
El juego, constante ánima en movimiento,
camina por la casa,
los niños impregnan con sus alaridos
las paredes de las habitaciones,
pero en lugar de crear una abertura
hago grieta este corazón,
impregno la mano de blanco sudor.
La piedra es el instrumento
de la voz,
áspera como una noche sin sueños,
paisana de la melancolía,
apertura voraz a un grito mudo.
Y yo me abro a la mano equivocada.
Los pétalos que sobran
de las flores caídas
son como una palabra sin garganta.

