Por: Lucía Franchi
La tensión en la voz poética,
se entrecorta la cuerda vocal que une
palabra origen con palabra destinación.
Sólo la noche conoce de errores,
todo lo demás queda excluido
en el rincón prodigioso del olvido.
Sólo el cuerpo conoce sus límites,
toda emoción que venga detrás
subyace lo oculto de sí mismo,
pero el tiempo tiene memoria,
cada expresión que muere en la garganta
retorna como un suave ronroneo
en el centro del pecho,
anida en cálida complacencia
hasta desfallecer en el olvido.

