quédate

Quédate

Por: Sebastián Franco

Quédate siempre amarrada a la piel.
El vaho caliente que empaña los cristales, tus yemas colmadas, a caricias necias.
Nublaba de paño en su mejillas, dibujando girasoles en el barro.

Alumbrada de velitas, vestida de viento.
Rosetales, adormecida lúcida amapola, baila persa que no existe el suelo.
Suspira la lágrima, plateada arrullada de voces al calor de un niño violento.

Lacia respuesta, al llanto claro de madrugada.
Ausencia y desencuentro, contraria al olvido, cansados tus oídos, rodando conjuros viejos.
Traviesa, de leche y café, a caprichos pillos, estabas revuelta en vilo, nos abandonas bajo el agua pasaste del alma, caridad a tu mudanza.

De misas mudas, por merecer, su risa se congelaba en llagas y pagan con las ganas de
meterse uno también a la caja.
Cielos pintados a bermejo, cuatro y medio crisantemos, caminan cansado rumbo perdido.
Memorias me quedan, embalsamado el recuerdo, quedamos sentados inmundos gusanos a fuerzas de míseras flacas.