Por: Sara Montaño Escobar
Esta es la invocación:
un hombre baja
de la montaña.
Encuentra a una mujer:
ambos se reconocen
ambos se olísquean
—palmo a palmo—
se doblegan
a la memoria
de las caderas.
«Este es mi señor»
dice ella
con espuma
en la boca.
«Esta es mi deriva»
dice él
con alas en los dedos.
Este es mi cuerpo
dicen en la oscuridad.
Ambos callan.
Él regresa a la montaña.
Ella abre los ojos
dentro de la cocina.

