Por: Natalia Pascua Lagostena
@natalia.pascua.lagostena
Me aterra la vida diluyéndose sobre el polvo de los escombros
Las voces que pretenden bautizar un mundo en ruinas
Me desgarra el lamento sin nombre
El grito sordo que nadie recoge
¿Cómo se nombra el dolor que anida en cada pecho?
El llanto de un niño que exige a gritos oler la camisa de su padre muerto.
¿y qué pensará la niña de la hamaca? Mientras las cuerdas la sostienen en un
mundo insostenible.
Me aterra la normalidad de la vida cotidiana. Esa forma intacta de seguir mientras el
mundo se desmorona.
Una madre desfallece y con su caída se desploma también la esperanza. Y ya no
hay suelo donde pisar.
Me ahoga el vacío sin bordes. La inmensidad de una ausencia que nunca termina
de decirse porque no hay lenguaje capaz de capturarla.
Me aterra, la vida, hoy.
Me aterra su forma de quedarse, de aferrarse, de insistir
mientras todo lo demás desaparece.

