Por: Susana Arroyo
@susana.arroyo.1428
Aunque mi nave zozobre,
el cielo rompa a llorar,
los ojos secos y crudos
no abrigan ya lágrimas.
Aunque las puertas retumben
de puro abrir y cerrar,
las palmas giman a gritos,
de tanto y tanto golpear.
La luna otea, impoluta,
el verde arrullo del mar;
el árbol brinda suspiros
que airean el caminar.
La flor asfixia el paraje;
vigor la brisa me da;
el sol inflama mi alma;
el cielo es perennidad.
La luz se encarama alto;
la tiniebla emigra ya;
la vida estalla en aplausos;
la pena deshecha está.
El odio gris se evapora;
el amor sale a luchar;
los sueños se hacen tangibles;
la derrota quedó atrás.

