Por: Lola Tenorio Rodríguez
@heysoylola
Recito rápido las palabras inexistencia y pesadumbre,
que es lo que siento al ver cómo me utilizas para calmar
las tuyas,
atención y arrogancia.
Un intento con éxito de ahogar tus penas en mis alegrías.
Nunca entendí las moralejas de las fábulas que leía de niña,
ni tampoco las aprendí contigo,
porque leí tantas veces el mismo cuento que al final soñé
que tú eras el lobo y yo Pedro.
Pero esta vez yo no era la que estaba mintiendo.
Te proclamas ganadora
con la sangre de las heridas que sostengo
y te jactas de ello,
como si fueses la única caminante del sendero.
Inhalo tu respiración tóxica,
como si me tragase por la boca el humo de tu cigarro
desgastado
y vuelvo a contar
hasta
cinco
a ver si por una vez te das cuenta
de que si continúas vas a ser tú sola
quien se asfixie y venga,
como un cachorro abandonado,
pidiendo auxilio en voz menor
dando por sentado que vas a ser alimentada.
Y te cuento, que ya no habrá más ahogamientos,
Ni más cuentos,
Ni más perras pidiendo de comer.

