Por: María Martínez
@mariamartinez_888
Nado en tu mar venturoso,
onda batiente infinita,
y al oriente rumbo fijo,
aunque lo que venga ignore.
Tu alegría destronó
mi frecuente abatimiento,
y hace tiempo que el silencio
ha mellado mi coraza
con la voz que solo el alma
es capaz de recoger.
Nunca es tarde para ver
lo que de luz pleno llega
hasta los ojos, buscando
dar la paz que de la vida
el ruido a veces despoja.
Por ahí uno ya no vaga
cuando sabe que, acá dentro,
de andariego huésped pasa
a ser de esa gran morada
donde siempre halla el cobijo
que del mundo nunca espera.

