Por: María Martínez
@mariamartinez_888
Me toca abrir las puertas
que con saña me cerraste,
para dejar pasar la vida
que insistía, vehemente,
del otro lado.
Me toca airear
el recinto tenebroso
de un corazón asfixiado,
donde las palabras no dichas
se oxidan en silencio.
Me toca volver al deseo,
a pesar de la puñalada.
Desplazarme de renglón.
Huir de la uniformidad.
Decir que no,
porque tu voz
ya no me nombra.
Aceptar que nunca fui más
que lo que soy,
y que quienes supieron verme
conocen la suficiencia de mi alma.
Me toca encerrarte
en alguna cajita mental, insonora,
donde no alcance tu monólogo
ni vuelva a filtrarse el veneno.
Y dejar que el amor arranque,
de una vez,
la espina.
Me toca, de nuevo, a mí.
Y esto
se acaba
cuando el tiempo se me acabe.

