nadie me voltea a ver

Nadie me voltea a ver

Por: Fátima Coca Luna
@the_bird.cage

Existe algo desagradable en mi colera,
a ellos no les gusta mi “locura”,
no les agrada que me sienta harta
menos que hable con voz llena de rabia.
De voz ensangrentada, soy,
tantas veces he gritado
que ahora soy la señorita afonía.
No quieren que sea mi voz rota la que se escuche,
ni mis ojos hinchados los que se vean,
ni mis manos apretadas las que se levanten,
menos que mis lagrimas a la televisión abierta.
No me quieren con ira,
Pues me veo motivada a luchar
Como hacer ver ellos, por causas perdidas.
No me voltean a ver porque estoy enojada
y en mi cara no hay una sonrisa linda,
sino dos cejas curvadas y enojadas,
que demandan que nos las devuelvan vivas.
No les gusta que escriba estos poemas,
me prefieren enamorada que repleta de rabia,
callada mientras nos lleva la chingada.
Que escriba versos felices, eso quieren,
mientras todos ignorar el sufrimiento ajeno,
que escriba al amor, eso quieren.
Pero los vivos matan
y esos muertos nunca aparecen.
Pero el bosque llora
mientras el progreso a la ciudad enardece.
Pero las aguas se oscurecen
mientras el mundial a todos felices vuelve.
Pero las madres lloran
mientras al poder en polvo y billetes se envuelve.
Pero a los docentes matan
mientras los discursos de odio nos mueven.
Pero se quema el mundo
mientras esa refresquera financia una guerra.
Quieren que escriba sin decir un nombre,
que me trague el llanto y vea a un lado,
que no vea culpables
y que mejor aplauda,
tan fuerte que las balas no se escuchen,
que los gritos se sosieguen,
y que el llanto se confunda con la lluvia.
Estoy enojada y eso les espanta,
porque incluso en la escuela me tienen fichada,
pero estoy harta, porque como muchos antes,
he sido ignorada, aplacada, silenciada.
Estoy decepcionada del poder,
de la universidad que se supone me iba a salvar
y ahora siento que me hundo cada vez más,
entre aguas puercas y basura,
que me asfixio,
Entre smog y pesado aire citadino.
Veo:
estudiantes golpeados, amenazados, perseguidos.
Mujeres asesinadas, violadas, vendidas y explotadas.
Obreros esclavizados y culpados de propia suerte.
Árboles talados, un sin fin de bosques quemados.
Animales maltratados y otros más exterminados.
Pueblos y familias desplazados, exiliados y juzgados.
Infantes desnutridos, criminalizados y asesinados.
Periodistas y activistas silenciados.
Infantes violados, torturados y devorados.
El agua de mi pueblo, vendida y desperdiciada.
Personas que se aman odiadas y castigadas.
Sí, estoy enojada, hace mucho tiempo lo estoy.
Estoy indignada.
Sí, me cansé de la negligencia, de la incompetencia.
Y sí, afortunadamente no soy la única que lucha.
Estoy hasta la madre de Armenta,
de Sheinbaum (y anteriores) de Trump, de Cedillo,
de Ortiz, de Milei y de Netanyahu,
estoy harta de muchos más.
De sus posturas neutrales y “correctas”,
De lo inhumano disfrazado de favores al hermano,
cansada de que no se dignen a vernos,
que piensen que nos hacen favores,
que se crean con el derecho a ignorar a su pueblo,
de despojarlo de sueños y risas,
de no terminarlo de matar para vernos sufrir
y que ellos puedan disfrutar.
Sí, ellos no nos voltean a ver,
pero mientras la rabia nos dure,
algo de esperanza podremos tener,
mientras el pueblo luche, el poder nos tiene que responder,
y mientras nuestras voces se junten,
con el cuerpo entero resistiremos,
cada día más que en el ayer.