Por: Gonzalo López Martínez
@glm.corrector
Encendió un cigarrillo
y me preguntó si creía.
«No».
Empezó a levitar.
A la altura de los cables
de luz o de teléfono
comencé a creerle.
Por las terrazas
de los edificios grises
ya la quería.
Cuando llegó a las nubes
blancas, cargadas de verano,
noté que la extrañaba.
No volvió.
Aunque a veces me parece soñarla.

