Por: Gonzalo López Martínez
@glm.corrector
Cercado,
incrédulo y no,
le extiendo la mano:
Veo una línea
de la vida
maltrecha, ajada;
veo otra, de azar
sin catalejo y final
con inicio;
una última,
sin fortuna
apenas late.
Me puso una palabra en el pecho
y desarmó el destino errante.

