café

Café

Por: Gato Viudo
@esegatoviudo

Hoy curiosamente, mis labios le sintieron a la taza del café, gusto a los amaneceres que nos dimos. Como si la poca dulzura del amargo que me gusta en el café, le rindiera homenaje a la persona en la que te convertiste.
Hoy la brisa traía consigo, un tacto propio de tus manos en mi rostro aquella tarde, en aquel parqueo de la universidad, con aquellos sueños tan intactos, con aquellos corazones tan completos.
Me resulta curioso, que tu recuerdo permanezca tan tatuado en la piel de ese hombre que prometió quedarse contigo para siempre, me resulta injusto que la vida cambie a placer, la trama de aquellos que se juran infinitos.
La lluvia aún me recuerda a tus dedos cayendo sobre mi espalda cuando nos abrazaba la noche, cuando el cigarro de turno se tornaba inútil por creer que se podía fumar bajo el aguacero.
Tu perfume sigue en el estante del mismo almacén al que entrábamos de la mano en navidad, y su aroma sigue en el estante de las cosas que me siguen haciendo temblar las piernas. Es una pena que pueda entrar al mismo almacén y adquirir el aroma, pero no a la portadora.
Pediría que me despachen a una tú, aunque sea a plazos, cubro la deuda con las fuerzas que me queden, pero eso sí, que sea como la primera que conocí, como aquella que no le tenía miedo a hacerse herida con tal de amar bonito, no me des a la que se fue, dame las manos de la chica de quien me enamoré un día de clase de Derecho Mercantil.
Que longevo es el recuerdo, que sinceras son las ganas cuando las provocan unos labios que supieron querer brillante, nunca tenue.
Hoy la mañana tenía tu encanto, qué bueno que mi corazón ya volvió a ser mío, porque de no serlo, saldría a buscarte. Ante la duda de ser feligrés de la religión de tus ojos, diré, que ya perdí la fe.
El recuerdo durará toda la vida, mis ganas de que vuelvas…
esta taza de café.