quiebre

Quiebre

Por: Eva Galeano
@latidosdetinta17

La oveja negra no nació negra,
la fueron tiñendo con miradas que no soportaban su forma.
Caminaba entre rebaños de pasos idénticos,
como una nota fuera de la partitura del mundo.
No pidió permiso para torcer el camino
y eso bastó para volverla sospecha.

En su andar había algo incómodo,
una libertad con olor a tierra recién abierta,
a raíz expuesta,
a carne que no terminó de cicatrizar del todo.
Decía no con la frente alta
y ese gesto desordenaba el aire colectivo.
Porque la oveja negra no solo existe,
contagia la posibilidad de ser distinta.

Los demás comenzaron a encogerse,
como si el cuerpo aprendiera a ser pequeño por precaución.
La comparaban en silencio,
como quien roza una herida para comprobar que sigue doliendo.
Y en cada paso suyo
algo en los otros se agrietaba,
la obediencia, la costumbre,
la calma rígida sostenida por miedo.

No gritaba,
pero su sola existencia hacía ruido en las jaulas internas.
La señalaron, no por lo que hacía,
sino por lo que despertaba,
incomodidad, deseo, miedo.

Pero la oveja negra no se borra,
no es color,
es una forma de arder sin permiso.

Y lo que los desarma
no es su diferencia,
es ese incendio silencioso
que les recuerda,
aunque bajen la mirada,
que también pudieron romperse
y eligieron quedarse intactos.