Por: Camila Belén
@midcielo
Ser inteligente.
No pegarle un tiro a nadie.
Meterlos en cana,
si la burocracia me lo permite.
Evitar que el deseo de castigar
al que me hizo daño
se vuelva en mi contra.
No dejar que me maltraten.
Frenarle el carro a todos,
incluso a mí misma.
Volverme un repelente de tensiones,
una pausa natural.
Saber salir, quedarse o cambiar.
Tener el temple para dar la batalla
mientras la frustración me desmiembra,
porque todavía quedan varios impunes
que con ataques y violencias
me dejan paranoica y culpable.
Impunes que te recuerdan
que estás en infracción,
y por eso te pasan cosas de mierda.
Organizarme con otros.
Decirle buen día al diariero.
No hacerme la otra
cuando veo pasar a la cajera del súper por la puerta de casa.
No creerme distinta a las pibas de mi barrio.
No avergonzarme de mis talones rajados
ni de la cumbia que llevo conmigo.
No olvidarme de lo que soy capaz.
Romper cada límite impuesto
en mi capacidad de imaginar
una realidad distinta.
Afilar la guillotina
y cortarle el cogote a las gallinas
en la plaza pública.
Quemar la bandera con estrellas,
porque lo único que brilla
es el Sol de Mayo.
Rezarle a Jesús para recordar
que era palestino, morocho,
que caminaba con sus compañeros
recorriendo el territorio,
escuchando al otro.
Escribir
para que no nos narren
los ensobrados de siempre
a su propio beneficio.
Endurecerme para soportar
lo que veré en la hostilidad de la calle,
pero no tanto como para confundirme de vereda
ni olvidar que de las masas vengo
y de las masas soy.
Que lo injusto
no me sea indiferente.

