Por: Ignacio Amargo
@im_argo_
Hay noches en que la espera
Ya no tiene nombre
O forma propia:
El motor del refrigerador que se enciende en la madrugada
el segundero vuelto un corazón con insomnio
un cuerpo temblando de frío que no aprende a irse
El aire guarda tu voz entre anuncios rotos
el suspiro silencioso de tu pecho a media noche
el crepitar en mi mandíbula cobijado en el frio de tu ausencia
se vuelve un loop que repito veinticinco horas al día
como si el tiempo repitiera su error a propósito
Me han preguntado qué se sentiría olvidarte
ver apagarse las luces de una estación:
una por una
sin mirar atrás
pero el olvido requiere voluntad
y aquí solo suena ruido gris
estática en una radio sin señal:
aquí solo hay cansancio
Hay lugares donde nada termina
una maleta abierta
una cerveza a medio beber
un cigarro quemándose a solas
y el eco de un paso que no sabe hacia dónde
A veces imagino que estás al otro lado
de la niebla
detenida entre una decisión y otra,
como si algo —o nadie— te retuviera.
me quedo mitad paso
mitad sombra
esperando que el semáforo intercale
entre las tres luces grises y me diga: ahora sí
pero el silencio no avanza
y empiezo a sospechar
que imaginar como te marchas
es la única manera que permito
y conozco
de seguir existiendo

