las fotitos

Las fotitos

Por: María Ovelar
@maria_ovelar

Las fotitos, como tú las llamas,
no las subo para arrancarte subidones de testosterona,
no las cuelgo para alimentarte el ego,
no las publico tampoco para gustarte.

Las fotitos, como tú las llamas,
no las cuelgo para alimentarme el ego,
ni para reafirmar mi estética,
ni siquiera para gustarme.

Lo hago porque la mañana está fría
y los pájaros cantan sortilegios en mi garganta
y en su tacto enredado siento un paisaje
primordial que me percute el alma.

Tanto puedo desnudarme que hasta
mis venas de náyade se me trasparenten,
que hasta el daimon de mi alma en mi superficie nade,
que hasta las olas de mi conciencia
se dibujen en mi frente.

Las fotitos, como tú las llamas,
las subo porque en mis ojos
hay una fauna de bosques que se enrollan en mi axila,
porque la mañana está fría
y los pájaros cantan sortilegios en mi garganta
y en su tacto enredado siento
un paisaje primordial que me percute el alma.

¿Quién eres tú para exigirme nada?,
¿para encarcelarme en tu plan de vida?
No soy un accesorio que te puedas colgar al hombro
en una noche de lunas que se aparean
en un vórtice sin fondo ni la puta
con la que me confundiste aquella noche de verano,
porque entiéndelo: no hay putas.

No soy mujer en el sentido de esposa,
—hombre no lo suele ser de marido,
¿por qué lo debería ser mujer de esposa?—,
no me pliego al sexage, ni muto en dependiente
al chasquido de un narcisista.
Porque entiéndelo: ni soy de nadie, ni soy tuya.
¿Quién eres tú para lapidarme con piropos?
¿Por qué tengo que aguantar tus agresiones
psicológicas de hombre que ni conozco y me grita
que me quiere hacer un traje de saliva a medida?
¿Quién te ha dado permiso para evaluarme,
permiso para silbarme, permiso para llamarme “guapa”
cuando yo lo que quiero es pasear tranquila?
Si vistes una falda corta o enseñas el escote,
atente a las consecuencias, me rezan.

Cuando en vez de mantenerme la mirada
la diriges a mis tetas en una charla
sobre los juegos del lenguaje de Wittgenstein,
bien claro dejas que te falta un refinado.
Si no lo haces con las palabras
—cosificarme aludiendo a mis pechos—,
no lo hagas con los gestos.

Así que tengo derecho a colgar
las fotos que me dé la gana,
a vestirme como me dé la gana,
a juntarme con quien me dé la gana,
a reír como me dé la gana,
a gritar como me dé la gana,
a ser quien me dé la gana.
Yo no subo fotitos, subo fotones,
y si no te gusta, te aguantas.