gambe della donna

Gambe della donna

Por: Alexis Aparicio
@all_.lee

De las basas de tu cuerpo soy esclavo,
un autómata, un drogado.
Te observo con el hambre de un etíope
y grito:
Severas piernas como severo el cielo.
Apenas me las muestras
y como perro amaestrado,
como un testigo del milagro,
yo me vuelvo el sediento ante el oasis,
el náufrago que avista claros suelos
el ahogado que sale a respirar.

La abstinencia de tus piernas
me tiene bien erizo,
tembloroso y panique,
me da la malilla y la escasez,
me prolonga esta migraña
de agujas en los sesos.
Muerto, a pulsaciones lentas muerto.
Extingue mi propósito,
deseca el manantial de hormonas,
la compleja maquinaria divina
que motiva mi sendero y existencia.
Me lleva, en resumen, la chingada.
Me carga, para ser preciso, la verga.

Por lograr entrar en ellas
empeño mi tanque de gas,
taloneo en la avenida,
traiciono la confianza familiar
y me vuelvo una cagada de persona.
Ese subidón de nuestro tacto
que aletarga mis más trágicas heridas,
ese prolongar mi suspensión
y confirmar tu procedencia divina.
Ese, ese prosperar.

Por tus piernas,
por tus piernas robo y descuartizo.
Por tus piernas,
por tus piernas me corrompo para siempre.
Porque tus muslos se reparten por gramos,
los transportan aerolíneas prestigiosas
al acecho de un ejército de drones.
Y yo, como aferrado al fentanilo en Filadelfia,
me he vuelto un zombie sin sentido,
un ausente de recuerdo más allá
de tus columnas de alabastro,
tan hermosas que hasta me hacen
reescribir a Francisco de Terrazas.

Por tus piernas,
por tus piernas me arrojo al precipicio,
entrego los grilletes para ser cautivo,
para el siempre navegar sin fin por tus contornos.
Por tus piernas,
por tus piernas me convierto en Kamikaze,
me arrojo al mar junto a Leandro
—par de grandísimos pendejos—
y sigo ese destello inextinguible que,
tal vez, y sin que importe,
ha de quitarnos el soporte, el respiro y la vida.