Por: Javier Juárez Ninich
@javierjuarezninich
No añora la revolución
un corazón oxidado.
En penitencia
ajusta las clavijas para tensar el tiempo
que se tropieza en las masas que yacen,
contemplando su eterna tregua.
Habrá que patear la herrumbre
y soplar la última vuelta de la clavija
para romper la cuerda;
que en un certero golpe a la contemplación
esparcirá la sangre con la que escriba la pluma
el dictado de la revolución.

