Por: Johanna Estevez
He sentido rencor
y una maraña de gusanos
se ha metido en mis tripas.
He sentido el hervor
y me he quemado,
como Sor Juana en la hoguera.
He asido un hierro
con la furia de mil jabalíes.
¿Sabéis lo que es llorar tan hondo
hasta perderse?
O gritar ríos púrpuras
que recorren
laderas de indiferencia.
O morder tan fuerte
hasta triturarme los dientes,
o que mis vísceras estallen
con cada palabra
que pronuncie su boca.
¿Qué poder le he dado al salvaje escorpión
para que venga
a picarme
una y otra vez?
Necia.
Pero algo debo confesar:
aun en mis inviernos
más crudos,
más feroces,
prefiero haber cedido con mi alma
y no encontrarme,
como ahora,
vacía,
esperando la muerte.

