Por: María Sofía Abarca
Tu recuerdo ha nacido en el aire:
yo lo agarro,
lo beso y lo sujeto contra mí
porque en cualquier momento se me vuela.
En cualquier momento le salen alas
y desaparece en el cielo
como un pájaro herido.
Me han dicho que lo encierre en una jaula,
que le ponga semillas y le dé agua,
pero no me animo a dejarlo a la deriva
de la caverna y del símbolo,
no me perdonaría por privarlo de esa libertad
con la que aparece y se vuelve claro
entre los músculos de mi corazón.
Ya no tengo creyentes para tirar al aire
y me conviene,
para no jurar la memoria en vano,
para no interpretar de más
la huella impuesta
de la voz que niega.
Porque ya no sé si quiero que vuele o haga nido
en el hipocampo
o en el espejo estancado,
con el barro
de mi olvido.

