Por: Jorge Octavio Hernández Rosales
@karl_marx_labubu
El deseo es el deseo del Otro, según Lacan
El deseo que baja a la tierra
[negra]
—desde el éter— se personifica
se cubre de huesos y piel
las manos, el muslo, la boca
de venas donde fluye sangre
y órganos que respiran aire
la indomable fuerza voraz
de un cuerpo proclive a la lujuria
[incontenible]
entre alientos, flores y hierbas
un altar del recinto sagrado
de largas paredes húmedas
mirar el destello de su rostro
es mirar al abismo profundo
acariciar al desenfrenado deseo
[amoral]
a esa alma roja enloquecida
que al fin y al cabo su destino
es retornar a la fatal lejanía

