quién soy yo quién eres tú

¿quién soy yo? ¿quién eres tú?

Por: Arcadio
@archicardiocompany

Había escuchado hablar hace tiempo, que …
Una mujer bonita
Un hombre feo y un gato raído
Habían encontrado una forma de estar juntos
Durante la noche.

Yo pensaba,
Pensaba…

Pensaba…

Y luego
Yo pensaba cada vez menos,

Pues impresionado por la determinación de sus miradas, el gato era el más
tranquilo a pesar de viejo y sucio,

Y él, el más sabio a juzgar por su cara llena de granos o la frente ancha y las cejas
muy tupidas.

Sucedió que la chica linda
Mirando con la boca encendida
Tenía hambre.

Tenía hambre y no había mayor placer para su vida que comer un asado en la
casa del padre.

Claro, estaba lejos.

Pero el chico le dijo, sin hablar, que él haría lo posible para darle todo lo que
quiera.
Todo.

Todo.

Pero,

Lo único que no podría darle sería un minuto de silencio, luego de darle todo lo
que quisiese.

La chica, en una rápida obsesión de seguridades y maniqueos, bueno dijo.
Acostumbrada a pedir y no hacer.

Listo.

Mañana mismo.

Okey.

Y se dió, entonces. Se entregó. Durante noches. Días. Minutos. Y segundos de
cristal que tintineaban en la boca del Tesoro.

¡ah!

Qué decir del gato…

Añoso y ojeroso, mirando desde su rabillo, subido a un árbol que tenía en frente
de la carpa donde dormían esos dos.

//

Fue entonces que durante la mañana,
Ella pegajosa de cuerpo y alma,
Y él tan duro como la panza de un pobre.

Fue, me parece, un instante que la libertad estaba en el aire. Surcando la cabeza
de ambos. De ambos. Casi embelesados. El gato maulló, y la chica abrió los ojos.
Perlas instantáneas, de plástico. La lengua filosa del hombre lamió algunas
palabras conocidas en un dialecto pausado, rodando las letras, dispersas.
Flotaban en línea recta. Y cayendo como si fueran copitos de nieve. No hacían
sonido alguno. Pero dejaban en la casa improvisada, un olor rancio. Las ojeras de
ella, que nadie pensaría poder beberse un té en esa laguna oscura, ya no era
linda. El hombre, de piel desnuda, ya no era feo. El gato, tan viejo, ya no era
rancio. La chica se desnudó por fin. Dejó la ropa. Dejó las cosas que tenía en la
mano. Salió de la carpa abriendo suavemente el cierre interior. Atravesó la tierra
primero a pie. Luego a gatas. Luego maullando. Luego a gatas otra vez. Luego
maullando pero erecta. Luego zumbando, luego remolineando. Luego en el agua
escuchando el siseo de un pez que no existía. Luego denunció la soledad que le
comía la mente. Luego miró su cara en ese reflejo hermoso de agua, cómo espejo
de incontables bastardos rotos que no tenían amor propio. Luego se hundió.
Luego dejo de haber alguien mirando.
Entonces el hombre feo, se cubrió la cara con un poco de barro. Subió dónde el
gato, e hizo cosas raras. Primero, me dijeron, se balanceó en la rama.
Posteriormente parece que se había enamorado infantilmente de una rosa que era
plateada y crecía en una rama. Cómo una rosa puede surgir de esa axila tan
dulce. No lo puedo creer, eso pensó el hombre a medida que iba
metamorfoseándose. Iba como perdiendo el sentimiento de ser feo. Y querías si
es que podríamos pensarlo, ser alguna vez un detalle que alguien supondría sutil
en la marea de entredichos. De palabras. Un detalle. Como esas calcomanías de
peces en los autos. O esa ronca imagen de Cristo en la luneta de un auto feo, o,
almenos, al menos esto: el detalle de una criatura que es hermosa, y en su

correcto rostro aparece un grano. Ese tipo de detalle. Una precaución. Una
demolición. Un detalle que hace pensar en dos cosas: advertencia o cuidado.

//

El gato mientras tanto, en esta ecuación elemental de formas que no poseen
remitente, fue divirtiéndose, enamorándose. Construyendo la costumbre de un
momento a otro momento, de un
Paisaje, a un cuadro. De un televisor, a la pantalla de un celular. De un iPhone a
un proyector
De una mano abierta a una cara bella, que miraba la cara hermosa
transformándose de la vida.

//

Bueno. Es es la historia que me contaron. Creo que la moraleja es más que
honesta. Más que obvia: no digas nada, nada que no piensen los mundanos. // No
pienses nada que no sientan los amabes // no mientas nada que no sea todo lo
que es Verdad. // No ames tanto que te duela creer de nuevo. No hagas cosas que
quieras olvidar. Sí, elude estos comentarios…no…esto no ha terminado

Atte: el gato.