Por: Leonardo Ferrera
Nos volvemos raíces,
enredadera que abraza,
silenciosa y firme,
los nutrientes hondos
del subsuelo,
sosteniendo oculto
el latido de la vida.
Somos renuevo y caña,
despertando en la cuna
húmeda del vientre de la tierra,
respirando entre el verde follaje,
elevando las copas altas
del antiguo ciprés
sobre la montaña.
Crecemos como semilla,
anclada en capas tibias
y húmedas,
donde el tiempo germina
y permanece la memoria
de los nogales marrones
que susurran con el viento.
Brillamos como bulbo
en la bóveda secreta
de misteriosas entrañas,
donde la oscuridad nutre
la forma futura
del tronco firme
y de hojas sanadoras.
Existimos como cepa
de madreselva escondida,
bendiciendo la savia,
el milagro silencioso
de la existencia.
Y en cada hoja que al sol
se abre late la eternidad,
hermanándonos
con la tierra,
con la vida,
y con lo que aún no nace.

