Por: Trizia García
Te busco,
en el pueblo,
el paisaje,
las plazas,
en la carretera rota
donde pasamos
aquel día
discutiendo.
En el viento
que entró por la ventanilla del auto
y desordenó tu mechón,
en la casa del vendedor de tomates,
y donde me comprabas flores.
En el ladrido de los perros
que aún olfatean tu olor.
¿Dónde estás?, pregunto,
desorientada, perdida.
El viento me sopla
en el cementerio.
A veces lo olvido;
ahí te busco dos veces por semana.
El pájaro de mal agüero canta.
“Lo echo — con mi honda.”

