Por: Almendra Millaray Silva Fuentes
@almestral
Qué elegancia ser tuya,
qué temor ser de otro,
qué ganas de ahorcarte
y de poder abrazarte.
Esas manos suaves, de porcelana,
ya no me rozan como antes;
me duele saber que soy la amante
mientras ella es tu dama elegante.
Qué rabia me da amarte,
sufro mucho más que antes;
este dolor llamado desamor
juraría no haberlo vivido antes.
Qué pedazo de basura he comido,
me he quedado solo con migajas;
con este destrozado corazón roto,
te ruego: déjame ser el ama de tu casa.
Te amo y te odio,
qué sentimiento tan extraño;
pero en serio, te amo y te odio.
Devuélveme el corazón,
devuélveme las ganas de amar,
hombre abrupto,
engañador de damas en la calle singular.

