Por: Maricruz Huerta
@maricruzhuerta7
No es la tierra quien me ha parido
ni el aire, respiradero de vaporosos murmullos
Hija de plañideras, yo
bebo su líquida sal y no me da la gana llorar
la sed de su negra leche
Anido el retoño como sangre de sol que alumbra
sin culpa, la culpa derramada en hormigueros
…y no se agita
Escupo tentáculos, ofensas de quien todo lo quema, y desgarra
Mi herida está hecha de barro húmedo
del que nunca se orea, perene ciénega embalsamada:
Entre sudor caliente:
Un mediodía de enero nació una yegua y me fui a verla trepar a su más alta loma
al atardecer de cada mañana juntas resbalábamos tierra abajo, entre lodazales
Sucias, caíamos mil veces llovidas de agua
translúcida lluvia recia, hirviente, lava de placer y dolor
que el amante sin médula cabalgaba y preñabA
Aún monto su clavado brazo… entre los humedales
su lengua insomne relame mi más tersa escama
Y esta herida de jaca que sangra y no sana, solo crece y germina
se vuelve cráter de piel, tatuaje de vida en corteza de árbol
¡Qué ganas de parir en la marea del agua clara
que una de mis madres dejó olvidada!
placenta que nos arrastra desde hace mil años
Dice mi madre que soy flujo ascenso al sur, resurgam al mediodía
y dice que cuando fui lava y volcán las aguas eran tiniebla pura
Estática y gélida la potra encarnó de la muerte:
de una rosa oscura e hiriente:
Bebes el dorado vino en libación, ombligo
que con delicada lentitud te devora, hundes tu faz en cerúleas cascadas
Pero el ciego ya no agoniza en tus miradas sedientas
Abandoné tu tristeza violenta de gente feliz y tu mirada: eyaculación
que no piensa y se hiela dentro de ti
Es que no sabes mirar de frente, por eso, cerré una a una mis puertas
Antes de en mí morir, me sorprendiste bañándome entre jardines de agua
renacer en las dulces uvas que sin pedir perdón crecen, en la virgen parra
Poco antes de tu muerte huí, huí con la lengua atorada, entre la furia de
tus remolinos de piedra enardecida, lanzaste tus ruinas de polvo
¡y la Magdalena se mordía la Lengua!
Pero fallaste, no me golpeó piedra alguna
Intacta, dejé de adorar la petrificada sal de tu arenosa
piedra humo tan acre que ni la inocencia del agua subyuga
Gloriosas crines me amarran a la niebla y a su quieto rocío
humedad de secuoyas y maples, ¡y ellos sí que por mis ojos lloran!
Te digo una cosa, tengo ganas de resucitar, sin la culpa del absuelto
y cuidar del perfume de la viña, adolescencia de múltiples espejos, trozos de rostro
También yo soy sol derramado Ícaro, esperma alud
pero amo la bruma, que no acusa ad libitum y corta al filo de la navaja
Niebla, agua sin tabú, niebla sin traición, niebla: rebeldía del cuerpo

