Por: Maricruz Huerta
@maricruzhuerta7
Esta niebla de congoja que no se va
se funde entre lazos de séptica ternura, extravío
corrupción del agua, temazcal de todos los días
Agua de hierbas sanación vapor vaho de bocas
semi abiertas colmillos acero mordiscos de la memoria
Encontré una roca rodeada de hojas enormes y frescas
Me acosté en ella a ver pasar el día, al sentir lo caliente
filo de tu flecha pedernal
la adolescente de risa primigenia dejó de llorar
Por las mañanas devoramos duraznos
de tersa piel, de pelos finos y aglomerados
Comemos de todo, ungidos en aceites de olivo y menta
y luego con lentitud chupamos la semilla hueso de laberintos
donde uno a uno en trocitos de seda quedan escondidos
nuestros líquidos más íntimos
flujos y astillas de nuestro sexo, mi sexo
Ojo de agua remolino fortitud lluvia que no cesa
Solo la niebla me percibe y descubre
la insidia de mi deseo
¡Qué perras ganas de ladrar el placer ocluido!
dejarlo ir, pujarlo, purificar el corazón
Ladrar de éxtasis celada entre sábanas finas, velos de niebla azul, cielo
de satén donde habitan las caricias de olor violáceo
Amor que te regalé, sinuosidad de fiera emocional
Amante atada infiel virgen en matrimonio, niebla no inmaculada
Solo ella come de mí y aúlla con potencia de loba
Sin traicionar el dolor del cuerpo
Me llega tu olor a mamífero extraviado
y tu rabia herida, laberinto de espejos: por fin te conozco, deveras
Del primer fondo de la mar rotas columnas de sal y sangre emergen
pedazos de tu elegía
Eres mi ausencia
Con ella tropiezas una y mil veces cuando en falso te levantabas
Te llegará una tarde temprana, de abismales caídas, noctívagas
Pero esta mañana sin piedad, hay niebla, y entre el vapor se oye a la muda cantar, sin luto

